Nuestra lucha y nuestra victoria diaria

La lucha ya no es entre Cristo y el diablo, ya Jesús derrotó al enemigo en la cruz, ahora es nuestra lucha con dependencia en Cristo.   (I Samuel 17:31-50, II Corintios 10:3-6)

Nuestra guerra no es defender una experiencia de cuánto tiempo tenemos de ser cristianos, o que papel desempeñamos dentro de la Iglesia como congregación.  La guerra comienza cuando decidimos caminar en obediencia al deseo de Dios, bajo un nuevo orden de autoridad divina.

Muchos podemos identificar algo en nuestro andar diario que se sale de nuestro control y eso nos hace sentir a veces miserables delante de Dios,  pero la Palabra nos insta a “llevar todo pensamiento cautivo a Cristo” (II de Corintios 10:5).

Las armas eficaces para esta guerra espiritual son entonces:

La Palabra de Dios, quien con una lectura y estudio serio nos capacita para tener nuestro espíritu y mente llenos de los pensamientos de Dios todo el día, evitando así, los pensamientos malsanos y dañinos.

La alabanza y adoración constante, no solo en el templo, sino en todo escenario que transcurra nuestra vida diaria, como el trabajo, la escuela, negocios etc.   Así seremos siempre protegidos en nuestra mente y accionar, de actitudes indecorosas y profanas.

El testimonio constante de nuestra fe delante de Dios,  cumpliendo el mandato de “predicar el Evangelio a toda criatura”, diezmar con honestidad y fidelidad de todo lo que recibimos, y asistir constantemente a su Casa para adorarle junto al resto de su pueblo, la Iglesia.

Dios nos ha llamado a ser “más que vencedores”, pero eso ocurrirá en la medida que nos movamos de acuerdo a su plan y estrategia dados en su Palabra.  Josué 1:7-9

Eliseo pidió doble porción del espíritu de Elías, pero no fue hasta que se inclinó a recoger el manto que se le cayó a Elías, que descubrió que podía hacer los mismos milagros que hizo Elías.   Somos nosotros, con la ayuda de Dios quienes promovemos el ambiente para la victoria.

En este nuevo año, como congregación de Calle Q, que somos todos, dispongámonos a que nuestro batallar diario sea una nota triunfante de tal manera que nuestro accionar cristiano sirva de ejemplo y bendición a los que nos rodean, ya sea en la familia, el trabajo, nuestra propia congregación y comunidad.

 

Sus pastores
Rvdos. Pablo y Tella Flórez