Una iglesia que ama a Dios

Una iglesia que ama a Dios es una iglesia comprometida con él.  No hay amor sin compromiso.  (Mateo 7:21)

Seguir a Jesús significa asumir su vida y misión.  Jesús le recuerda a sus discípulos que no deben preocuparse de la comida, el vestir y donde dormir, porque si buscan su reino y su justicia, él se encargará de proveer todas estas cosas.

Es triste que muchos en la iglesia miran las circunstancias que la rodean para permitir que si vida se mantenga en deterioro espiritual y no hagan su mayor esfuerzo para agradar a Dios a través de un compromiso serio con él y demostrar así que realmente aman a Dios y que no se trata de un solo decir de palabras sin sentido.

Cuántos creyentes dejan de asistir a los cultos porque hay escases de buses, hay tranques o simplemente porque no puedes dejar la atadura de las novelas, el gimnasio, o porque de todas maneras hay que buscar un motivo para no asistir a los cultos de noche y sencillamente se ha puesto su propia meta de asistir solo al culto dominical.

Cuánto necesitamos hoy atender al desafío de Cristo: Pasemos al otro lado (Marcos 4:35).  Especialmente cuando como cristianos que decimos que tenemos un Dios grande y poderoso, nos consideramos pobres y nos aferramos a los recursos monetarios como si eso solo se constituyera en una panacea *, para resolver todos nuestros problemas.

Por el afán del dinero, dejamos de orar, de leer la biblia, de asistir a los cultos, de invertir en el reino de Dios, pensando que si diezmamos anos vamos a arruinar porque lo que le damos a Dios nos va a hacer falta más adelante.  Y nos olvidamos que Dios ha dicho que él nos dará “medida apretada y rebosante”, que él es quien “da semilla al que siembra”, y que “él suplirá todo lo que nos falte conforme  a sus riquezas en gloria”.

El creyente en particular, la iglesia local y la iglesia en general, se ha debilitado en su fortaleza espiritual, porque ha perdido de vista el compromiso con Cristo de compartir la Palabra de Dios con otros y tratar por todos los medios de traer a su congregación a sus familiares y conocidos.  Se conforman con venir solos a las fiestas espirituales, como es el lenguaje actual del pueblo de Dios.  Hacer orgias cristianas con mucha bulla, gritos, saltos y sesiones de aeróbicos cristianos, retroalimentandose unos con otros en la iglesia, mientras que el objetivos de Cristo ha sido olvidado de “venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres”.

 

Rvdos. Pablo y Tella Flórez
Pastores ICCQ

* leáse: la medicina que cura todos los males)