Una promesa de protección

El Salmo 103:3,4 dice: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias”.

Este pasaje promete protección y sanidad en las enfermedades como una bendición de la vida redimida. Aquí se habla de una defensa permanente contra las enfermedades que vienen a menoscabar la salud, pero la condición es que hagamos del Señor nuestro verdadero refugio.

Esta es una promesa definitiva de sanidad corporal, basada en el carácter de Dios como el Sanador. La sanidad que aquí se promete incluye específicamente la recuperación física como respuesta a la oración de fe.

El texto refuerza el pacto de sanidad, ya que la palabra hebrea “tachawloo”(dolencias) viene de la misma raíz de “chawla” de la cual procede la palabra enfermedad en Éxodo 15:26 la cual es “makhaaleh”.

Estos versículos testifican que el Señor, así como perdona nuestros pecados, también sana las enfermedades que nos sobrevienen en la vida.

En el Nuevo Testamento, se presenta a Cristo como el Sanador en cumplimiento de la promesa de Isaías 53:4,5, así que hoy día, tenemos la garantía de nuestra sanidad física por las heridas sufridas por Cristo en su cuerpo por el sacrificio en la cruz. La fe y la obediencia a Dios en toda nuestra manera de vivir, son el vehículo por el cual podemos recibir sanidad corporal en todo momento.

Vivamos pues, bajo la sombra del Altísimo y disfrutemos siempre de la bendición de mantener buena salud para servir a Dios mientras vivamos.

Sus Pastores Pablo y Tella Flórez